miércoles, 13 de febrero de 2019

Inés

La miraba atenta, intentaba entender cada uno de sus gestos y comentarios: siempre directos pero dulces.
Cuando algo no le parecía bien, lo decía. Con argumentos defendía siempre sus opiniones.
Hacía uno o dos años que había empezado a militar en APDH y ella me propuso que trabajara en su casa, contestando correos que los recibía de a cientos por día. Así fui conociendo a cada unx de lxs compañerxs que se iban integrando a una organización que se federalizaba de la mano de cada uno de los llamados telefónicos que ella hacía, de los viajes y de los correos que ella me dictaba.
Se tomaba el tiempo para cada unx. Si alguien escribía un correo general, ella contestaba con argumentos, opiniones, y delicadeza cuando tocaba decir algo crítico.
Dos cosas muy personales me enseñó Inés, que el amor no tiene edad y que los "saludos cordiales" o "atentos" no son de compañerxs sino los "cariños" y "abrazos".
Algo de ser compañerxs comparte esa "ñ" del cariño, que hay que mantener vivo, o de esa "r" del amor que hay entre quienes nos acompañamos en la lucha, con nuestras cosas buenas y malas. Nuestros errores y aciertos.
Aprendí con Inés que lo cordial no quita lo valiente.
Una lectora detallista, gran escritora de informes internos que construyen la historia de la APDH, nunca escatimó reconocimientos a lxs demás, esos que ella tanto se merece. 
No hacía alarde de sus títulos, ni de su basta experiencia, ni de su compromiso. Hablaba de cuestiones académicas con una estudiante recién iniciada con la misma seriedad y profundidad con que lo hacía con lxs más destacadxs académicxs. Su lectura marxista de la realidad estaba en todo. Era coherente.
Te extrañaremos querida Inés.

https://www.pagina12.com.ar/174460-ines-izaguirre-una-sabia

viernes, 5 de enero de 2018

15 años del Centro Cultural de la Cooperación o de los desafíos en 4 minutos

Comparto el borrador de mi breve intervención el pasado 22 de noviembre de 2017 en el marco de los 15 años del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini” donde fui invitada a compartir unas palabras en torno a la batalla cultural desde la perspectiva de los derechos humanos.
¡Cuatro minutos máximo!
El resultado fue algo así:

Hoy a la mañana salí de una reunión un poco apurada por todas las cosas que tenía para hacer. Estuvimos planificando un taller de la comisión de asociados y acababa de darme cuenta que se me superponían dos actividades la semana próxima.
Necesitaba confirmar la fecha de un viaje la semana próxima, que también se superponía, y el celular nunca para de sonar. Una situación de estrés propia de esta época del año. Entonces yo venía preocupada, concentrada, a las corridas. ¡Y además pensando en qué iba a decir ahora!
4 minutos para hablar de 3 desafíos de la batalla cultural desde la perspectiva de los derechos humanos me daba a razón de 1 minuto 20 segundo por desafío. ¡Así es la instantaneidad de nuestros tiempos!
Pensaba hablar de los desafíos de los derechos humanos, citar algunos artículos de la declaración universal...
Y los nervios de saber quiénes me acompañarían acá. ¡y cuánta responsabilidad!

Venía pensando todo esto cuando entro al edificio, donde está la oficina de la APDH, y en el zaguán me encuentro con Mónica, una vecina que es siempre amorosa -esa es la palabra que la define-, la verdad es que no sé mucho de ella, debe tener unos 50 y largos. Estaba cuidando unas cosas de oficina en el zaguán.
Entonces como si nada, como esas conversaciones de ascensor, la saludo y le pregunto:
“¿Se están por mudar?”
Ahí su cara se transforma y con las lágrimas en los ojos me dice que no, que la sociedad en la que trabaja cerró, que se queda sin trabajo, que no sabe qué va a hacer, que justo en esta época del año, que con su edad no sabe si va a conseguir algo, que hace más de 20 años que trabajaba con ellos.
Y se larga a llorar y no sé qué decirle. ¿Qué le voy a decir?

Y a ella no le puedo decir más que mi deseo: que ya va a conseguir algo. La abrazo y sigo para la oficina.
Entonces pienso que están ahí, adelante mío, los desafíos de la batalla cultural en los que vengo pensando.

Es la batalla cultural para que el sentido común no sea la meritocracia sino el respeto a los derechos, para que el sentido común sea la empatía, la solidaridad y el que siga reclamando por memoria, verdad y justicia.

Esto quería compartir, por lo demás salió la nota en Página/12. 




jueves, 27 de julio de 2017

Una mañana un poquito más justa

Y un día la justicia le llegó a la justicia.
Y quienes se creyeron impunes y todo poderosos tuvieron su juicio y su condena.
Contó Pablo Salinas, uno de los abogados querellantes del IV juicio de lesa humanidad en Mendoza que, cuando presentaron la denuncia, uno de los acusados lo llamó para reirse de la denuncia y decirle que se dejaran de hacer pelotudeces. Así nomás. Que esa denuncia no iba a llegar a nada porque él era juez en el año 2010. 
En la noche luego de la sentencia, Pablo recuerda el episodio.
Siempre pensó y luchó porque nunca creyó que eran pelotudeces, porque la única lucha que se pierde es la que se abandona. Y no abandonó.
El tribunal falló culpable y le dio prisión perpetua al que lo había llamado, por ser cómplice de crímenes de lesa humanidad en el marco de un genocidio.
Hoy es una mañana un poquito más justa. 

El día que la Justicia recibió la condena, Página/12, 27 de julio de 2017.


sábado, 8 de abril de 2017

#VivasNosQueremos #NiUnaMenos

Suena como eslogan que se repite en las redes,
como hashtag que se hace trending topic,
como bronca que te atraganta,
como tristeza que brilla en tus ojos.

¿Podrá el capitalismo aprovechar este eslogan?
¿Podrá el patriarcado lavar sus culpas retwitteando?
Muestra la crueldad, sus garras,
que te tocan cuando no querés,
que te hieren, que te violan,
que te matan.

¿Podremos ser semilla de su propia destrucción?
Ser semilla no de lo que nos imponen, de lo que queremos germinar.

Se atraganta un grito en la garganta.
Se hacen lluvia las lágrimas.
No es un eslogan de campaña, ni un trending topic,
es que nos matan, nos asesinan.

jueves, 2 de marzo de 2017

Anoche

Esperaba el colectivo anoche, hacía calor sobre la avenida Callao.
Dos camionetas amarillas pararon de repente delante de mí e hicieron una maniobra inesperada cruzando a la vereda de en frente y dando marcha atrás para quedar justo a la altura de tres personas que dormían en un rincón.
Porque Buenos Aires es así y cada vez peor, testigo de la falta de vivienda de muchas personas y familias. También Buenos Aires resultó un lugar donde las camionetas de espacio público del gobierno de la ciudad solo paran para correrte.
Las tres personas se levantan rápidamente y agarran sus cosas mientras de una de las camionetas desenrollan una manguera que solo usarán para "limpiar" ese cuadrado de dos por dos donde estaban durmiendo. Todo el resto queda igual. No hay dudas que el único objetivo es sacar esa gente.
Me muestro sacando fotos, para que sepan que miro, que estoy ahí aunque sea la 1 am. Manguerean ese dos por dos.Levantan la manguera y se van.


Cuando las camionetas se fueron, las personas vuelven a dormir en el lugar en el que estaban.
Una señora se sienta en el banco de la parada en la que espero el colectivo y me pregunta la hora. Sé que no espera el colectivo. Hablamos del clima. Se queda dormida. Ella también está en situación de calle aunque lo disimula.
¿Y qué puedo hacer más que quedarme allí con ella hasta que despierte?
Se despierta y se va, en situación de calle a buscar dónde dormir y que no la molesten.
Yo también me voy en situación de desazón, de tristeza y de impotencia.
Llega el colectivo y la ciudad sigue como si nada.




viernes, 4 de noviembre de 2016

Mitos para desarmar

Mientras la Dirección Nacional de Migraciones aumenta los controles de permanencia aprovechando que ahora puede pedir DNI a cualquiera en la calle; personajes públicos salen a buscar chivos expiatorios cuestionando la igualdad de derechos y la tele nos recuerda que a pesar de todos los argumentos que tengamos, el discurso xenófobo seguirá latente y en funcionamiento, sin importar pertenencias políticas.

Es que es mucho más fácil repetir los mitos xenófobos que buscar la solución a los problemas que no son extranjeros, sino bien de este suelo.

Es mucho más fácil repudiar a los estudiantes extranjeros de la universidad pública que denunciar los temibles recortes de presupuesto a las universidades nacionales que -con o sin esta población- seguirán empobreciéndose como resultado de una política que busca desfinanciarlas y desprestigiarlas.

Es mucho más fácil escandalizarse con la igualdad de derechos para todas las personas que habitamos el suelo argentino, que llevar adelante políticas de inclusión y garantía de derechos.

Es mucho más fácil hablar del trabajo que “nos quitan” los migrantes en lugar de luchar contra el crecimiento de la desocupación que nos afecta a todos.

Es mucho más fácil decir que eso lo pagamos nosotros con nuestros impuestos como si cualquier persona que habita este suelo no pagara IVA y ganancias (cuando tiene el privilegio de tener un empleo formal).

Es mucho más fácil decir que el narcotráfico viene de otros países en lugar de hacernos cargo que si funciona es porque cuenta con la anuencia de decisores políticos, complicidad policial y judicial para funcionar.

Es que es mucho más fácil sostener mitos que enfrentarse con la realidad. La realidad que nos dice que ninguna política de corte xenófoba va a solucionar los problemas sociales de un sistema excluyente y degradante para la gran mayoría, sin importar de dónde sea cada quien ni qué documento muestre.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Palabras en el acto homenaje a Aldo Etchegoyen en el primer aniversario de su fallecimiento

Es difícil hablar hoy, porque las lágrimas buscan asomar y porque la presencia de Aldo nos hace falta.

Aldo era de esos que Bertolt Brech llamó los imprescindibles, porque luchó toda la vida.
Es por eso que éste es un homenaje necesario.

Podría hablarles de todas las luchas que Aldo llevaba pero no me alcanzaría el tiempo y creo que muchos de quienes estamos acá las conocemos, y por eso estamos acá.

Porque no puede resumirse en unas pocas palabras su compromiso con los pueblos originarios, su trabajo interreligioso, su tarea en la Comisión Provincial por la Memoria, su concreta ayuda para encontrar nietos apropiados durante la última dictadura, su claridad con los derechos del pueblo palestino, sus décadas de trabajo como referente de la APDH y de la Iglesia Metodista.

No pueden citarse todas las cartas abiertas que escribió y todas las situaciones en las que medió. No puede resumirse toda una vida defendiendo los derechos humanos en una carilla.

Aldo tenía ese sentido del humor que nos hace recordarlo con alegría, como cuando le dijo a Miguel, poco tiempo antes de morir, que tenía problemas del alma.
- ¿Del alma? le preguntó Miguel sorprendido.
- ¡Del alma-naque! Contestó Aldo haciendo gracia de su edad.
Contaba las historias de las luchas por los derechos humanos como historias que cuentan los abuelos, daban ganas de escucharlo porque tenía esa picardía en el relato... describía todo con las palabras justas.

Porque Aldo lograba encontrar las palabras justas, acertadas y serenas incluso en las situaciones más difíciles. Esas palabras que por más que siempre fueron cordiales nunca le quitaron lo valiente.

Recordarlo hoy a Aldo es fortalecer nuestra lucha (eso decía Aldo en el homenaje a Augusto Conte), la lucha de la APDH y la de todos los organismos de derechos humanos.

Pienso que el mejor homenaje que podemos rendirle a Aldo es seguir luchando cada día, como lo seguimos haciendo desde la APDH, aunque él nos falte pero con la certeza que está con nosotros cada vez que levantamos nuestra voz por la libertad de Milagro Sala,
que nos solidarizamos con el pueblo palestino,
que acompañamos a los Mapuches en Chubut y los Qom en Chaco y Formosa,
que visitamos las cárceles para denunciar la violencia,
que seguimos luchando por la memoria, la verdad y la justicia. Por los treinta mil compañeros detenidos desaparecidos. PRESENTES

Aldo ha sido un histórico luchador de los derechos humanos porque hizo historia con su lucha.
Por eso quiero decir, querido Aldo: “Tú no moriste contigo”.

1 de noviembre de 2016